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El pozo de las preguntas importantes

En un patio con pozo y baldosas azules, un eco mágico responde a las preguntas con nuevas preguntas y muestra que la curiosidad es valiosa.

Ilustración para El pozo de las preguntas importantes

En el patio de baldosas azules había un pozo cubierto por una vieja reja de hierro.

Los niños no podían asomarse, pero podían sentarse al lado. A Tommaso le gustaba hacerlo por la tarde, cuando las baldosas aún guardaban el calor del día.

Una noche preguntó: «Pozo, ¿por qué el cielo es oscuro?»

Desde abajo llegó un eco.

«¿Por qué crees que la oscuridad está vacía?»

Tommaso frunció el ceño. «Eso no es una respuesta.»

«Es una pregunta mejor», dijo el pozo.

Lo intentó otra vez.

«¿De dónde viene el agua?»

«¿Dónde crees que empieza la paciencia?»

Tommaso se tumbó boca abajo, lejos de la reja, y miró el círculo oscuro.

El pozo nunca respondía directamente. Si preguntaba por qué caían las hojas, preguntaba qué necesitaban soltar los árboles. Si preguntaba adónde iban los sueños, preguntaba cuáles querían volver.

Al principio Tommaso se impacientaba. Quería respuestas cortas, de las que caben en una frase. Pero el eco hacía más grandes sus pensamientos.

Su abuela lo encontró con un cuaderno.

«¿Qué escribes?»

«Preguntas.»

«¿No respuestas?»

«Todavía no. Quizá no todas.»

Ella asintió. «Entonces el pozo te está enseñando bien.»

Pronto el patio se convirtió en el lugar de las preguntas. Tommaso aprendió que algunas preguntas sirven para encontrar datos, y otras para abrir puertas dentro de nosotros.

Una noche preguntó: «¿Entenderé todo cuando sea mayor?»

El pozo guardó silencio durante mucho tiempo.

Luego respondió: «¿Seguirías mirando las estrellas si ya las conocieras por completo?»

Tommaso sonrió.

No era una respuesta.

Era mejor.

Moraleja: Una buena pregunta puede ser más preciosa que una respuesta.
Nota Montessori: Después de la lectura, invita al niño a recordar un gesto concreto del cuento y a relacionarlo con calma con la emoción de la noche.
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