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La nana de los cien pasos pequeños

En un jardín siciliano antes de dormir, cien luces pequeñas se apagan una a una y guían a una niña serenamente hacia el sueño.

Ilustración para La nana de los cien pasos pequeños

En el jardín siciliano antes de dormir aparecieron cien luces pequeñas.

No eran luces eléctricas. Eran chispitas sobre las hojas, las piedras, las macetas, el naranjo, la regadera, la puerta de madera, el sendero y el banco viejo.

Lucia quería contarlas todas.

«Una, dos, tres, cuatro...»

Pero en doce perdió el hilo. En veinte empezó de nuevo. En treinta se sintió cansada y molesta.

«No puedo llegar a cien.»

El jardín susurró: «No tienes que hacerlo todo de una vez.»

La primera luz se apagó.

«Buenas noches, primer paso», dijo su madre.

Lucia escuchó.

La segunda luz se apagó junto a la albahaca.

«Buenas noches, paso de albahaca.»

Luego una en la piedra, una en la hoja del limonero, una en la puertecita.

Cada luz desaparecía solo después de que Lucia la nombrara con delicadeza. No deprisa. No perfecto. Solo con presencia.

Pronto contar se convirtió en una nana.

Buenas noches, piedra. Buenas noches, menta. Buenas noches, muro. Buenas noches, silla dormida. Buenas noches, caminito.

Lucia no llegó a cien con números. Llegó con calma. Cerca de la luz setenta, los ojos se le hicieron pesados. Cerca de la ochenta, la cabeza descansó sobre el hombro de su madre. Las últimas luces se apagaron casi solas, como si el jardín supiera que estaba lista.

En la cama, Lucia susurró: «¿Terminamos?»

Su madre le besó la frente. «El jardín terminó por ti.»

Fuera, todas las lucecitas estaban apagadas. Las estrellas verdaderas seguían arriba, tranquilas y lejanas.

Lucia entendió sin palabras: dormir no es saltar a la oscuridad. Es un camino de pasos pequeños y seguros, y alguien puede caminar a tu lado hasta que los sueños conocen la ruta.

Moraleja: La nanna llega siguiendo pasos pequeños y seguros.
Nota Montessori: Después de la lectura, invita al niño a recordar un gesto concreto del cuento y a relacionarlo con calma con la emoción de la noche.
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