Mara era una medusa pequeña y transparente cuya luz cambiaba de color con sus emociones.
Después de que algunos se quejaran de que brillaba demasiado, intentó volverse casi invisible.
En una noche sin luna, un grupo de pececillos perdió el camino hacia la pradera marina. No llegó como una lección, sino como un pequeño cambio en el aire: lo bastante suave para que la noche pareciera viva.
Mara encendió solo un borde azul suave, luego otro tramo pequeño, guiándolos sin deslumbrarlos.
Los personajes no tuvieron prisa. Hicieron una elección cuidadosa, luego otra, y la historia se abrió como un camino tranquilo junto al mar.
El mar empezó a llamarla Mara Linterna, y ella aprendió a no esconder su luz, sino a usarla con distancia, cuidado y delicadeza.
La noche volvió a quedarse tranquila, y ese pequeño descubrimiento pudo acompañar el sueño.
Y cuando la noche volvió a ponerse suave, el niño que escucha pudo llevarse algo sencillo: no todo se consigue forzando; algunas cosas se aclaran cuando avanzamos con delicadeza.
Ritual de lectura: Leer despacio, con pausas suaves entre las escenas y voz de buenas noches.
