3 min · accettazione

El caballito de mar y el hilo de luna

En una cala siciliana de agua transparente, un caballito de mar encuentra un hilo de luna y lo usa para ayudar a una amiga a encontrar el camino.

Ilustración para El caballito de mar y el hilo de luna

En la cala donde el agua era transparente incluso de noche vivía Cico, un caballito de mar pequeño y curioso.

Tenía una cola fina, ojos atentos y un lugar preferido entre dos algas verdes. Desde allí miraba a la Luna reflejarse en el mar. Cada noche el reflejo bajaba al agua como un camino de plata.

Una noche, sin embargo, la Luna dejó caer un hilo. No era un rayo entero. Era un hilo delgado, luminoso, que flotaba entre las olas sin mojarse.

Cico lo tocó con la cola. El hilo tembló y quedó sujeto suavemente, como una promesa.

En ese momento oyó llorar. Era Lalla, una sardina pequeña, separada de su banco. Daba vueltas entre las rocas sin encontrar el paso correcto.

«Ya no veo el camino», dijo.

Cico habría querido llevarla enseguida a casa, pero el banco de sardinas se movía rápido y él no era un gran nadador.

Entonces miró el hilo de luna.

«Te acompaño hasta donde pueda.»

Ató un extremo del hilo a un alga y sostuvo el otro con la cola. El hilo brillaba en el agua, marcando un sendero claro.

Lalla nadó despacio siguiéndolo. De vez en cuando se asustaba por una sombra y se detenía.

«Estoy aquí», decía Cico. «Mira el hilo.»

Atravesaron una gruta pequeña, pasaron junto a una roca con forma de tortuga y llegaron a la corriente cálida por donde pasaban las sardinas.

Lalla vio su banco.

«¡Ven conmigo!», dijo.

Cico sonrió. «No puedo nadar como vosotros. Pero no hace falta. El hilo te ha llevado hasta el lugar donde puedes seguir sola.»

Lalla alcanzó al grupo. Antes de desaparecer entre las escamas plateadas, se volvió.

«Gracias, amigo.»

El hilo de luna se deshizo y volvió al cielo.

Cico se quedó entre las algas, feliz y un poco cansado. Había entendido que un amigo no tiene que convertirse en camino para siempre. A veces basta con ser luz durante un tramo.

Moraleja: La amistad no retiene: se hace hilo hasta que el otro encuentra su camino.
Nota Montessori: Después de la lectura, invita al niño a recordar un gesto concreto del cuento y a relacionarlo con calma con la emoción de la noche.
← Gelsomina y la escalera de luciérnagasLa manta de lana de la montaña →