3 min · accettazione

El pozo que contaba despacio

En un patio con baldosas azules, un pozo antiguo cuenta historias solo a quien usa palabras ligeras.

Ilustración para El pozo que contaba despacio

En el patio de la casa del tío Salvo había un pozo antiguo con borde de piedra y baldosas azules.

Los niños jugaban alrededor, pero sin acercarse demasiado. El pozo estaba cerrado con una reja y el abuelo siempre decía: «Se mira con respeto.»

Pietro, sin embargo, era impaciente.

«¡Pozo! ¡Cuenta una historia!», gritó una tarde.

El pozo se quedó mudo.

Pietro dio palmadas sobre la piedra.

«¡Cuenta!»

Nada.

Su prima Ada se sentó en el escalón.

«Quizá no le gusta que le griten.»

Pietro resopló. «Es un pozo.»

Ada apoyó una mano en la piedra, despacio.

«Buenas tardes, pozo. ¿Tienes una historia para nosotros?»

Desde el fondo llegó un sonido: ploc.

Luego una voz baja, fresca como agua.

«Una pequeña.»

Pietro abrió mucho los ojos.

El pozo contó de una gota que había atravesado la montaña, de una raíz que bebía despacio, de una lagartija que se miraba sin saberlo.

La voz era tan fina que había que acercar el silencio para oírla.

Pietro intentó interrumpir.

«¿Y después? ¿Y después?»

La voz desapareció.

Ada lo miró.

«Tal vez las palabras pesadas caen dentro y hacen demasiado ruido.»

Pietro se mordió el labio. Luego dijo: «Perdona, pozo. ¿Puedes continuar, por favor?»

El pozo siguió.

Esta vez Pietro escuchó hasta el final. Descubrió que las historias dichas despacio no son menos importantes. Al contrario, piden más atención.

En los días siguientes volvió a menudo al pozo. Si llegaba enfadado, el pozo callaba. Si hablaba con gentileza, una historia subía.

No eran historias largas. Una hoja. Una gota. Una noche de luna. Una rana que había perdido la voz.

Pietro aprendió a usar palabras más ligeras también con las personas. «Por favor.» «Espera.» «Lo siento.» «¿Puedo?»

Y cada vez le parecía que, dentro de los demás, un pequeño pozo encontraba el valor de contar.

Moraleja: Las palabras gentiles abren historias que el ruido mantiene cerradas.
Nota Montessori: Después de la lectura, invita al niño a recordar un gesto concreto del cuento y a relacionarlo con calma con la emoción de la noche.
← La hormiguita del pan calienteLa rosa de los vientos dormida →