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La estrella caída en la maceta de albahaca

Una estrellita cae en una maceta de albahaca y perfuma la noche, enseñando a Nora que la maravilla crece en los lugares más sencillos.

Ilustración para La estrella caída en la maceta de albahaca

En el alféizar de la cocina de Nora había una maceta de albahaca. No era especial, al menos eso pensaba ella. Servía para la salsa, para la ensalada de tomate y mozzarella, y para perfumar las manos de mamá cuando cocinaba.

Una tarde Nora estaba aburrida.

«Aquí nunca pasa nada», dijo, mirando afuera.

El pueblo estaba tranquilo. Una ventana encendida, una bicicleta apoyada en la pared, el gato de la vecina en el tejado.

«Las cosas pasan incluso cuando no hacen ruido», respondió mamá.

Nora no estaba convencida.

Aquella noche, mientras todos dormían, oyó un plin ligero. Se levantó y fue a la cocina. En la maceta de albahaca había una luz pequeñísima.

Una estrella había caído entre las hojas.

No era más grande que una semilla. Temblaba y olía a cielo.

Nora acercó la nariz. La albahaca, que normalmente olía a verano, aquella noche olía también a luna.

«¿Eres una estrella de verdad?»

La estrellita no respondió. Hizo brillar una hoja.

Nora habría querido despertar a todos. Luego se detuvo. La estrella parecía cansada. Tomó una cucharadita de agua y humedeció la tierra, despacio. Apartó la maceta de la corriente. Puso al lado una tacita boca abajo, como refugio.

La estrellita brilló un poco más.

Nora se sentó en el suelo y miró.

La maceta era la misma de siempre: terracota, tierra, hojas verdes. Y sin embargo ahora parecía un jardín entero. Una hormiga pasó entre dos tallos como si cruzara un bosque. Una gota de agua se convirtió en lago. Una hoja grande dio sombra a la estrella.

«¿Cómo es posible que todo esto estuviera aquí y yo no lo viera?»

A la mañana siguiente la estrella ya no estaba. En su lugar, sobre una hoja, brillaba una gota plateada.

Nora se la mostró a mamá.

«Ha pasado algo.»

Mamá olió la albahaca. «Huele a noche buena.»

Desde aquel día Nora ya no dijo que no pasaba nada. Miraba mejor. En la maceta encontraba senderos, sombras, rocío, insectos diminutos, hojas nuevas.

Y de vez en cuando, cuando la albahaca olía más de lo normal, Nora sonreía.

Tal vez una estrella había vuelto a descansar allí.

O tal vez la maravilla siempre había estado en la maceta, esperando solo que alguien la mirara de cerca.

Moraleja: La maravilla no busca lugares grandes: sabe encenderse también en una maceta del alféizar.
Nota Montessori: Después de la lectura, invita al niño a recordar un gesto concreto del cuento y a relacionarlo con calma con la emoción de la noche.
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